Solo fui consciente del desgarro de su voz y como ese mini cuerpecito rubio corría desesperada hacia mí. Al abrazarla la niña solo lloraba, en silencio yo también lo hacía, mientras me aferraba a ella, por fin volví a casa.
Malditas estupideces las que me hicieron perder el rumbo. Al abrir los ojos vi cómo Betty daba media vuelta y se dirigía al interior de la gran casa, mis padres caminaban en mi dirección, Catalina, la señora Samanta, la abuela Rochi, la señora María y Paola lloraban. Cadie n