Nicolás
—¿Puedo saber en donde carajos estabas? —le grito furioso a mi hijo, a quien encuentro en su casa tirado sobre su cama en un estado deplorable de ebriedad.
—Puedes bajar la voz —me dice mientras apenas abre sus ojos para verme.
—Te dejé a cargo del bufete y de los negocios, al parecer crees que ser jefe es estar de fiesta bebiendo hasta que salga el sol —le lanzo su ropa a su cara, ya que apenas estaba vestido.
—¡Tengo una vida también! No estaba en mi mejor momento cuando me pediste es