Muy sonrientes salieron los que se encargaban de la casa Cyril y su esposa Althea a recibirlos. Ella los reconoció enseguida y les sonrió encantada.
Bienvenidos.– dijo Cyril al verlos.
Es un placer verlos de nuevo. – dijo una sonriente Althea.
Muchas gracias. – respondió ella automáticamente en griego. Máximo la miró con los ojos entrecerrados y ella quiso darse de topes contra una pared, había hablado en griego sin pensar dando a entender que ya recordaba.
Cyril, Althea ¿Cómo han estado? ¿Cómo