John e Elizabeth
—¿Todo bien? —preguntó John, después de ajustar cuidadosamente los últimos detalles de la chaqueta de cuero de Elizabeth. La tela se amoldaba perfectamente a sus curvas, resaltando aún más su cuerpo. Llevaba el pelo recogido en una larga trenza que descansaba sobre su hombro, y sus ojos brillaban con una mezcla de expectación y ansiedad.
—Sí —respondió ella con una leve sonrisa, tratando de ocultar su aprehensión.
—Déjame ayudarte. —John tomó el casco, lo sujetó con firmeza y con delicadeza se lo colocó en la cabeza. Sus dedos rozaron ligeramente el rostro de Elizabeth al abrochar la hebilla. — ¿Me oyes? —preguntó, encendiendo el intercomunicador integrado.
— Sí, perfectamente —su voz sonó clara en los oídos de John, lo que le hizo sonreír satisfecho.
— Genial. ¿Has montado en moto antes?
Elizabeth negó con la cabeza, mordiéndose el labio inferior. — No, nunca.
— ¿Confías en mí? —John la miró fijamente, serio.
— Siempre —respondió ella sin dudar, con la mirada fija en