CAPÍTULO VEINTIUNO
El atardecer nuevamente les alcanzó en medio del cielo anaranjado y rosado, pero esta vez a la orilla de la playa que estaba casi vacía, ya que aquella playa no era apta para el baño, sino más bien era conocida por los paseos matutinos o por las personas que iban y se ejercitaban en las tardes junto a sus mascotas.
Pero hoy no había tanto movimiento ya que era un día de semana en donde la mayoría de las personas trabajaban, salvo por los pequeños grupos de adolescentes que es