CAPÍTULO DOSCIENTOS TRECE
Aiden primero se fue a la habitación de su pequeña. Emily terminó de vestir a Ada.
—¡Wow! —exclamó Aiden al ver a su pequeña hija luciendo casi como un ángel—. Pero que hermosa estas, princesa —halagó.
Ada mostró una sonrisa de oreja a oreja y corrió a los brazos de Aiden, que Aiden de inmediato la alzó hasta el cielo.
—Te amo papi —dijo ella risueña.
—Yo también mi princesa —Y diciendo eso Aiden, luego la cobijo entre sus brazos, que la pequeña niña apoyó su cabeza en