CAPÍTULO CIENTO TREINTA Y DOS
Emily arrastró su maleta para subir a la segunda planta de la casa. Cada escalón que daba, era una nueva sensación que tenía en medio de su pecho. Sentimientos confusos que no sabía cómo descifrar. El lugar seguía siendo demasiado blanco para su gusto, pero no pudo evitar merodear cada habitación.
Lo primero que vio fue una gran sala de estar que daba a un balcón. El balcón era de vidrio templado. Ella se mordió los labios y dejó la maleta sobre el piso de marfil a