CAPÍTULO CIENTO SETENTA Y UNO
—Bueno yo no lo soy, —refutó Aiden con mucha calma, ya que él comenzaba asimilar la magnitud de sus acciones y errores, por eso estaba dispuesto a enmendar todo el daño que le había hecho a su esposa—. No soy inocente como ese niño, pero esas son mis condiciones. Tú eliges Emily. Es todo o nada.
Emily se dio cuenta que su esposo estaba jugando el mismo juego que ella.
«¡Joder!» Em maldijo dentro de sí, ya que ella sentía que para Aiden todo era una competencia en d