CAPÍTULO CIENTO SETENTA
Aiden se apoyó en la puerta de madera. Suspiró con una gota de alivio en su pecho, mientras sus ojos verdes no se apartaron de su mujer.
«No podía ser tan malo vivir bajo un mismo techo», se decía a sí mismo.
«Era algo que tenía que suceder, por el bien de todos» se autoconvenció.
«Esto es lo mejor a lo que puedo aspirar» siguió su mente.
Aiden buscaba todas las excusas perfectas para que así su cerebro se acostumbrara a que juntos podía ser una oportunidad única de camb