CAPÍTULO CIENTO SESENTA Y SIETE
Aiden seguía sentado en la sala de estar, pensando en las palabras de su madre. Sus brazos los tenían apoyados sobre sus piernas y estaba ligeramente inclinado hacia adelante.
Además de tener toda una lucha en su cabeza, él tampoco dejaba de observar a Nate y a Elian, que seguían jugando con los autos de carrera y las pistas automáticas, sobre la alfombra. Ambos niños ensimismados en un mundo inocente.
Ellos eran ajenos a la pelea de poder que llevaban sus cabeza