CAPÍTULO CIENTO SESENTA Y SEIS
—¡Papá ven! —llamó Ada con una sonrisa grande cuando vio a su padre estar en el umbral del cuarto de la cocina.
Emily tragó saliva con fuerza ante la voz chillona y alegre de su pequeña hija. Ella alzó su vista y nuevamente sus ojos oscuros se encontraron con los ojos verdes del padre de sus hijos.
Por un breve momento fugaz Em vio algo nuevo en el iris verde, como si se tratara de un cambio inusual. Estuvo tentada a preguntar, pero sabía que, si lo hacía, quizá