CAPÍTULO CIENTO QUINCE
Emily sacó una maleta roja del armario y la puso en la cama. No dejaba de morderse el labio con fuerza, ya que ella no quería llorar, pero la impotencia y rabia que sentía, la superaba en todos los sentidos.
—No quería escuchar, pero estuve cuidando a los niños hasta que se durmieron y… —Adele se excusó sin saber cómo continuar. Entró por la puerta y luego la cerró a sus espaldas. Vio a su amiga como doblaba algunas prendas de ella y la guardaba en la maleta.
—No pasa nad