CAPÍTULO CIENTO OCHENTA Y NUEVE
Aiden se separó de ella, y esnifó con el dorso de su mano el líquido que escurría por su nariz. Emily le limpió las lágrimas de sus mejillas enrojecidas y le sonrió tierna. Ella odiaba verle tan vulnerable, que su corazón de inmediato se ablandó.
—Debes creer que me he vuelto un debilucho —refunfuñó Aiden con el ceño fruncido. Sus escleróticas estaban igual de enrojecidas, pero su pecho había aliviado esa opresión que le molestaba.
Emily soltó una risa diverti