CAPÍTULO CIENTO OCHENTA Y DOS
Emily luego de llorar amargamente, se separó del cuerpo de Alex y se limpió el rostro con ambas manos.
—Lo siento… no debí hace eso… —Emily se mordió los labios y no fue capaz de mirar a su cuñado. Estaba demasiado avergonzada por llorar en sus bazos de esa manera. No supo porque, pero el haber llorado en los brazos de Alex, fue casi liberador, después de todo su cuñado era su amiga, y también el que menos estaba involucrado en todos los problemas que le aquejaban.