CAPÍTULO CIENTO DIECISIETE
La avioneta blanca con franjas rojas estaba parqueada en el único aeropuerto de la isla Sylt.
El joven empresario la noche anterior, cuando llegó a la cabaña del Señor Schneider, coordinó y pagó, junto a Alex y a su asistente, su viaje para que le compraran los cuatro pasajes de primera clase, ya que la avioneta solo los llevaba al aeropuerto de Berlín y de ahí tenían que subirse a un nuevo avión, para volar hacia Sídney, Australia.
Sería un viaje largo, pero al men