CAPÍTULO CIENTO CUATRO
Elian arrugó sus cejas negras y Ada chilló de júbilo dando pequeños saltitos y contando los mil panoramas que quería hacer, que Em tan solo pudo mirar un tanto sorprendida, primero a su hijo y luego a su hija.
—Mami —Elian tironeó la mano de Emily hacia la salida de la sala—. Me quiero ir. Vámonos de aquí.
—¡No! —Ada frunció su ceño y apretó la otra mano de Emily para que no se moviera de su lado—. Vamos a salil con papá y tú vas a il.
—Ya veo el dilema que se te viene —s