CAPÍTULO CIENTO CINCUENTA Y UNO
Emily, después de conversar con su mejor amiga, volvió a la sala de espera del hospital central de Sídney. El haberse desahogado con su amiga fue una gota de alivio y tranquilidad en medio de un mar lleno de incertidumbre que la agobiaba y a la vez la cansaba.
Ella no sabía porque, pero los últimos días habían sido como si un tsunami enorme y destructivo la arrasara.
Adele, al otro lado del mundo, quedó demasiado preocupada, que estaba tentada a renunciar a l