Los días pasaron y Vanesa poco a poco se iba adaptando a su nuevo hogar; adoraba el mar, adoraba escuchar cómo las olas llegaban a la orilla y chocaban contra la arena.
De vez en cuando, Amelia y ella se permitían ir a la orilla de la playa a juntar conchas; la pequeña Vanesa se mostraba más despierta y abierta a acercarse a su verdadera madre; sin embargo, el proceso estaba siendo lento.
Amelia ya había aprendido a hacer helado de lavanda; aquello mágicamente ayudaba a la menor en sus episodi