Tadeo observaba cómo su jefe no paraba de revisar su móvil. ¿Qué era lo que estaba esperando? Lo desconocía en absoluto, pero era claro que había algo que inquietaba a su jefe.
El joven Tadeo había aprendido a conocerlo y sabía cuándo debía preguntar y cuándo debía callar, esta vez, optó por lo segundo.
Mientras se dirigían al hospital donde ya estaba instalada Vania, Luciano sacó un cigarro, lo encendió como si con ello pudiese tratar de calmar lo que lo estaba perturbando.
Tras lo que pareció