Querida, Emely.
Todas las noches, cuando te extraño, escribo una carta.
Al tenerla terminada, la leo e imagino que estás sentada frente a mí y es como si estuviéramos conversando; así, justo como las tardes en la playa, donde reíamos y nos tirábamos en la arena.
Cuando leo la carta, me imagino tu reacción con cada palabra que leo y hasta los comentarios que me dirás.
En la primera carta que escribí, me sentí avergonzado, era como si estuvieras observándome y te dieras cuenta de mis sentimie