Capítulo 28

Emely tomaba un sorbo de café y sus ojos estaban posados en el bello atardecer. El sol se ocultaba lentamente por el horizonte de la playa y el olor a café se mezclaba con la sal de la bahía.

Sintió que una mano acarició su cabello rubio. Volteó y notó que Luciano sumergía su rostro en su cuello.

—Luciano, ¿qué haces? —preguntó.

—Me encanta tu aroma, Emy —susurró.

El aliento del hombre golpeaba en su piel y la hacía erizar, haciendo que su corazón palpitara con fuerza.

Apretó con fuerza el poci
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