—No, disculpa, Luciano —dijo Emely con rostro avergonzado—. Tienes razón, yo debo terminar todo esto de raíz. Tienes razón.
Luciano dejó salir un suspiro y después sonrió.
—Conozco unos lindos apartamentos frente a la playa —comentó—. Son accesibles e idóneos para una chica soltera como tú. Además, te quedaría cerca del trabajo. Puedo darte la dirección para que vayas y los veas.
Emely sintió que sus hombros se relajaron.
—Muchas gracias, Luciano.
.
.
.
El apartamento era pequeño, modesto: perf