Monique se mordió el labio inferior al arrodillarse frente a su esposo, quedando cara a cara con su miembro. Tragó saliva al mirarlo. Maldición, es realmente grande. ¿Podrá con lo que planeaba hacer?
—¿Babe? —dijo él.
Monique alzó la vista y sus miradas se encontraron. Podía ver la excitación en sus ojos por lo que podría venir. Aun así, pese a su impaciencia, ella quiso asegurarse de que estuviera totalmente cómodo.
—¿Lo quieres? —preguntó con suavidad—. Si no te sientes a gusto…
Su esposo no