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~ El punto de vista de Lucian
Isabella volvió a sonreír y le hice un último gesto de asentimiento antes de salir de la habitación y cerrar la puerta con cuidado. En cuanto salí al pasillo, llamé a la jefa de las criadas, Marissa, quien había servido en el palacio durante muchos años.
Marissa apareció enseguida, con su postura erguida y profesional como siempre. «Alfa Lucian, ¿en qué puedo ayudarle?», preguntó con una respetuosa reverencia.
—Tengo una tarea especial para ti, Marissa —empecé—.