Armando.
Retorcía la mano en puños por la impaciencia de saber que hacia últimamente mi esposa a mis espaldas.
—Señor ya esta listo dispositivo y la cámara— Javier me extiende la pequeña cámara digital junto al USB, con esto puedo ver cada uno de los pasos de mi esposa, busco cada archivo de lo que ha estado haciendo, todo normal hasta que escucho que habla con ese mal nacido del tal Miguel, apreté mis nudillos con fuerza al oírla hablar con él
—¡Maldición! Ella aun lo ama y le está diciendo