Dejamos de comer al ver que estaban mis padres en la casa, la verdad se me había ido el apetito. Armando y yo nos sentamos en el gran sofá blanco en frente de nosotros dos están mis padres, mi madre se nota triste y con ojeras en los ojos y el maldito de mi padre sonríe sin dejar de ver la casa.
Que descarado.
—¿Cómo va tu vida de casada?—Pregunta Jorge él que se hace llamar mi padre.
—Mucho mejor que vivir en la casa en la que tu habitas, ya que era repugnante aguantar tu horrible actitud—Di