YELENA
¿Qué?
¿Puso una cámara en mi oficina?
¿De verdad hizo eso? Ni siquiera pudo decírmelo. ¿Y por qué?
Me quedé mirando el pequeño aparato sobre la mesa junto a su maleta, sintiéndome a partes iguales sorprendida y molesta. Me daba vueltas la cabeza.
Tristan estaba sentado allí como si nada, como si los jueguitos a escondidas fueran parte de su rutina diaria de macho alfa. Apreté los puños. Debería haberme enfadado. Lo estaba. Pero… una parte de mí no podía dejar de mirarlo.
Volvió a su sill