TRISTAN
Llevaba tiempo esperando esto, esperando el día de besarla, de reclamarla con locura, de poseerla. Era terca, no quería que entrara en su boca, pero le succioné el labio inferior con fuerza mientras le sujetaba las manos a la espalda. Luchó, pero no la solté.
Su fuerza no era nada comparada con la mía. Jadeó al abrir la boca, y me abrí paso dentro de ella.
Succioné, lamí y devoré parte de su boca, la dominé como si fuera mía para siempre, la besé con brusquedad, sujetándole el pelo con