YELENA
Jackson entró... y se detuvo.
Se quedó inmóvil un instante, pero no parecía sorprendido. Ni un poco. Era como si ya hubiera adivinado que no estaba sola, como si lo hubiera presentido, igual que los lobos huelen las tormentas antes de que estallen.
Sus ojos recorrieron lentamente a Tyler y a mí; el espacio entre nosotros era demasiado estrecho, demasiado cercano, demasiado cálido como para fingir que no pasaba nada.
Su mirada seguía fría, pero en algún lugar de esa oscuridad, algo pesado