YELENA
Me desperté con un fuerte dolor de cabeza, uno que no era normal. Era como si alguien estuviera golpeando un tambor dentro de mi cráneo una y otra vez.
Gemí suavemente y me llevé la mano a la sien, esperando que el dolor disminuyera. No fue así.
Abrí los ojos lentamente.
El techo sobre mí se veía extraño, blanco y ancho, demasiado ancho.
Fruncí el ceño.
Esta no era la casa de mis padres.
La habitación era más grande. Y también más fría. No un frío invernal, sino ese frío silencioso y lim