CALEB
Alejo a Anne de mis labios con un poco de brusquedad.
No puedo creer que me haya besado sabiendo lo que pasa aquí. Yo no puedo corresponderla. Nunca podría. Me observa con confusión en sus facciones, mientras se roza los dedos sobre su barriga. No está abultada ni nada, así que no puedo evitar pensar que lo que cuenta es mentira.
—Creo que no me has entendido —murmuro bastante enojado.
Sus labios no saben como los de Katherine. Los de ella son más deliciosos, más suaves, más tentadores