Mundo ficciónIniciar sesiónCuando el coche por fin se detuvo frente al hospital, abrí la puerta antes incluso de que Diogo apagara el motor. Bajé corriendo, sintiendo que las piernas casi me fallaban a cada paso, con el corazón martilleando en el pecho. Crucé las puertas de cristal sin mirar a los lados, directa a la recepción.
— Por favor, mi hijo… — mi voz salió desesperada, temblor







