Salí del baño justo cuando vi por la ventana el coche de Alessandro saliendo del garaje. Respiré hondo, secándome las lágrimas que insistían en rodar por mi rostro.
Odiaba toda esta situación, todos estos sentimientos que aún tenía por él. Quería poder no importarme de lo que hace o deja de hacer, pero el corazón es tonto, no escucha a la razón.
Me acerqué a la ventana del dormitorio y vi que las rosas ya habían sido retiradas. Saqué la tarjeta del bolsillo y la volví a leer, intentando sentir un poco de paz en el corazón.
Caminé hasta el vestidor y cogí mi libro, que tenía la portada falsa, y metí la tarjeta dentro.
Alessandro p