Fueron hasta la pista. Él colocó las manos en mi cintura, y yo llevé las mías a su cuello. Empezamos a movernos al ritmo lento de la música, con los cuerpos pegados, los ojos fijos el uno en el otro.
Era cálido, intenso. Los movimientos eran suaves, pero cada toque, cada caricia de sus manos por mi espalda hacía que todo mi cuerpo reaccionara.
—Bailas bien —murmuré.
—Contigo, todo sale mejor.
Nuestros rostros estaban tan cerca… y el calor entre nosotros era casi palpable.
Pero entonces sentí qu