Luego de la pequeña celebración, volvemos a la casa de mis abuelos. Dejamos que los adultos se nos adelanten, quedándonos Reese y yo atrás, contemplando el paisaje, seguramente de día debe de verse completamente diferente.
—Afinidad a la luz ¿Quién lo diría?
—Ni me lo digas, incluso yo estoy sorprendida.
Me queda una espina en el corazón al no poderle decir a Reese la verdad, pero tampoco es el momento ya que mi madre podría escucharnos, le diré cuando volvamos a casa. Nos tomamos de la mano y