Decidimos inspeccionar un poco más el cuarto, revisando los libros y libretas de anotaciones, por lo visto, ninguno de mis abuelos quiso mover las cosas de mi mamá, simplemente limpiaron el polvo, se me hace bastante nostálgico ver todo esto.
Una vez que hemos saciado nuestra curiosidad, nos acostamos a dormir un rato, metiéndonos entre las cobijas, que están muy calientitas y cómodas, me giro hacia Reese y me acurruco sobre su pecho, cayendo profundamente dormida.
Reese me levanta susurrándome