De lo cansada que estaba ni siquiera me pude poner el pijama, toco los bolsillos traseros de mi pantalón y siento mi teléfono, enseguida lo tomo y lo reviso con desesperación. Abro los ojos de par en par al ver que tengo varios mensajes de mi hermana. Sin darme tiempo a responderle los mensajes me llama.
—¿¡Donde andas?! ¡Te estoy esperando desde hace rato, apurate!
—Ya voy, no grites... además estoy yendo a ayudarte de buena fe, porque bien puedo volver a mi cuarto y seguir durmiendo plácidame