Sus ojos de un tono falsamente marrón, le prestaban absoluta atención a ese Alfa que preparaba la cena para ella.
Las exquisitas aromas de las distintas especias que ella no conocía y dedujo eran propias del territorio de esa manada. El aroma de la carne, todo despertaba el apetito de Maray.
Su corazón latiendo a un ritmo calmado, con un poco de inquietud ella movía sus piernas meciéndolas lentamente; sus manos apoyadas en los bordes del mueble elegante donde estaba sentada, una expresión