Reina Maray apresuró sus pasos, hasta llegar frente a ese Alfa, deteniéndose a un solo paso de distancia de él.
Ella levantó su mirada, sin embargo lo veía retadora, fría, con un brillo de firmeza en esos ojos falsamente de tono marrón.
—¡Te dije que NO te metas en la crianza de mis cachorros!, ¿qué parte de eso no te queda claro?
Una semi sonrisa curvó los labios de ese alto hombre lobo, que inclinándose hacia ella rozó con su mano levemente la mejilla de Maray.
—¿Con quién crees que