Capítulo 52: Ya soy tu Luna.
—No… No me marques —le pidió Maray a ese enorme Alfa que estaba sobre ella.
"¡Si lo hace, nada me asegura que no me reconozca de inmediato!"
"¡No! ¡Definitivamente se dará cuenta!"
Pensó ella con nerviosismo.
Ese hombre lobo sonrió, una sonrisa maliciosa y juguetona. Una de sus grandes manos recorría uno de los muslos desnudos de Maray, aún húmedo por la mezcla del agua y sudor.
La respiración de esa mujer loba acalorada, su corazón acelerado causando un vaivén de sus senos que subían y bajab