En el interior de la cueva rocosa, la atmósfera era tensa.
En la mirada de Reina Maray se notaba la creciente preocupación, seguían cada movimiento de Alfa Rezef, quien se disponía a partir.
—¡Debería ir contigo!, es Connor… Yo, tengo que estar con él también… —susurró la hembra pelirroja, intranquila mientras yacía aún sentada, descansando.
—Debes descansar, Maray —dijo Rezef con un tono firme pero suave, su voz resonando en la cueva: —Yo veré a Connor. Tú deberías quedarte aquí, tranq