El frío aire de la madrugada, cargado de tensión bajo la tormenta, la batalla continuaba su curso.
El Rey Alfa Dalton, ese enorme y poderoso lobo dorado, temblaba de furia y agotamiento.
«¡Maldición! ¡Si ella está aquí! ¡¿Qué pasó con mi Beta y porqué no he recibido información suya?!» , dijo Alfa Dalton, hablando con su lobo, Dhir.
—Tenemos que continuar, aún si Gaspar cayó.
«Lo sabes tan bien como yo, Dhir… ¡Sin Gaspar y su magia negra todos mis planes se derrumbarán!» , gruñó Dalton,