—¡No tienes que calmar tu celo con Tabitha! ¡Puedo darte una poción muy efectiva que me ha funcionado todos estos años y… Ay, maldición… —Maray hizo una pausa, dándose cuenta de que había hablado de más, su rostro ardía mientras las palabras escapaban de su control.
Ese Rey Alfa, con esa mirada astuta, logró confirmar otra de sus creencias con más seguridad.
—¿Efectiva?, Maray. Caíste en celo cuando estábamos en la villa.
—¡Eso fue por tu culpa, la influencia de tus feromonas! —exclamó