Mia:
Mis ojos se abrieron. Mi visión se aclaró segundos después y por un rato, mi mente estaba vacía, con un fuerte pitido en el oído y el sonido forzado de mi respiración.
—¿Estás despierta? —me giré y vi a Mira sentada junto a mi cama.
—¿Qué pasó? —pregunté. Miré mi mano cuidadosamente vendada donde me había apuñalado.
Me incorporé de un salto, haciendo una mueca mientras un dolor agudo atravesaba mi cabeza.
—¿Y la maldición? ¿Está rota? —pregunté con ansias.
Mira suspiró.
—Aún no lo sabemos.