CAPÍTULO 80: LA PROFECÍA
Gaia
Parece que el destino se ha ensañado a seguir jugando bromas pesadas conmigo. El pergamino que tengo en mi mano lo comprueba; y aunque leo las palabras escritas en él con una tinta ancestral que no parece fabricada como una cruel broma, no soy capaz de creérmelo.
Mi padre sabía de esto y se fue sin decirme nada, sin darme aunque sea una guía o una explicación para lo que se supone que tengo que hacer.
Mi corazón no para de palpitar acelerado dentro de mi pecho mie