En un momento estaba allí y al siguiente había desaparecido.
Las sombras se fundieron alrededor de mi cuerpo con facilidad, llenando de oscuridad impenetrable los huecos que dejaba pasar la luz de la luna. No podía ver nada y no podía orientarme a pesar de que ya había atravesado este bosque cientos de veces.
Mi cuerpo había dejado de ser mío, arrebatado por una fuerza invisible que ataba sus hilos como telarañas alrededor de mis muñecas y tobillos, atándome como una marioneta manipula a su