"No... No, no te creo", dijo Ember tras varios segundos de silencio.
Se dio la vuelta, con la cara hacia la puerta, como si fuera a atravesarla y dejarnos a Brandon y a mí abandonados a nuestra suerte. Pero no lo hizo. Su vacilación no solo se reflejaba en su rostro, sino también en su postura. En la forma en que permanecía de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho y el pie golpeando incesantemente el suelo de cemento.
Yo tenía que decir algo, porque si Ember se iba, tenía la sensación