"¿Qué coño?", exclamé, mirando lo que podría ser el clon de mi padre, como si el propio hombre se hubiera levantado de la tumba y se hubiera cosido la cabeza.
No podía procesar los pensamientos que se agitaban en mi cabeza como para formular cualquier otra respuesta, pero no podía evitar sentir que esas tres palabras resumían las cosas de forma brillante.
Él tenía el mismo pelo grueso, compuesto del ónix más oscuro, que Holly y yo heredamos, junto con los ojos sorprendentes. Su complexión de