Como siempre, Tristan tenía una sincronización impecable.
No habían pasado ni diez minutos cuando se paró en la puerta principal, con una mirada de sospecha instantánea cuando la abrí. Me bloqueó el paso con su larguirucho torso, sin darme la oportunidad de salir y examinar a fondo el interior de la casa.
"¿Holly sigue aquí?", preguntó, sabiendo perfectamente que lo estaba.
Puse los ojos en blanco, con un sarcasmo en mi voz. "Está en la sala haciendo un oscuro y antiguo hechizo que podría s