Dos días antes del anuncio.
"¿Estás seguro de que me van a aceptar?", pregunté por trigésima vez desde que pasamos el letrero que decía “Bienvenido a la ciudad de Llanura pinos.
Todavía no había visto un solo edificio, casa o rastro de vida desde que pasé por ese letrero. Parecía no haber nada más que un bosque interminable, copas de enebros y pinos que subían poco a poco cada vez más a medida que subían por las laderas del terreno montañoso.
El aroma de la savia y la tierra impregnaba el